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El papel de los inmigrantes en España: ciudadanía, aportación y más allá de la integración

Más allá de la integración: repensar la ciudadanía en una sociedad diversa

Hay una idea que se repite constantemente cuando se habla de inmigración en España: que las personas inmigrantes tienen que integrarse.

Pero pocas veces nos detenemos a cuestionar qué significa realmente eso.

¿Integrarse en qué?
¿Desde qué posición?
¿Y quién define cuándo alguien está realmente “integrado”?

Soy inmigrante. Soy venezolana de origen y española.

Migré hace más de dos décadas, no por necesidad inmediata, sino por una decisión consciente de formarme, crecer y construir un proyecto de vida.

Y desde esa experiencia, hay algo que tengo claro: el problema no es la inmigración. El problema es cómo se está interpretando.

Inmigración en España: una realidad de aportación

Miles de personas migrantes en España trabajan, cotizan a la Seguridad Social, pagan impuestos, consumen y participan activamente en la vida económica y social del país.

No se trata de una contribución futura.

Es una realidad presente.

Desde el emprendimiento hasta el sostenimiento de sectores productivos, la comunidad inmigrante forma parte del tejido económico y social. Esto incluye el pago de impuestos como el IVA —uno de los principales ingresos del Estado— y la generación de empleo.

Por tanto, no estamos ante personas “en proceso de integración”.

Estamos ante personas que ya ejercen ciudadanía en la práctica.

Ciudadanía más allá de la nacionalidad

Tradicionalmente, la ciudadanía se ha vinculado de forma exclusiva a la nacionalidad. Sin embargo, este enfoque resulta insuficiente en un contexto de diversidad, movilidad y transformación social.

Hoy, la ciudadanía también se construye desde la práctica:

  • A través del trabajo
  • A través de la contribución económica
  • A través de la participación social
  • A través de la responsabilidad cívica

Esto implica que muchas personas inmigrantes ya forman parte activa de la sociedad, aunque su reconocimiento jurídico no siempre esté alineado con esa realidad.

Integración no es asimilación

Es fundamental hacer una distinción clara.

La integración implica formar parte de una sociedad sin renunciar a la identidad propia.

La asimilación, en cambio, supone la desaparición de esa identidad para encajar en un modelo dominante.

Durante demasiado tiempo, muchas personas inmigrantes han vivido bajo la presión de tener que demostrar constantemente que merecen estar.

Incluso después de décadas.

Esto no es integración.

Es una forma de inseguridad estructural que limita el desarrollo pleno de la ciudadanía.

El límite del enfoque asistencial

El enfoque asistencial hacia la inmigración, aunque bien intencionado en muchos casos, puede generar efectos contraproducentes.

Tratar a las personas como sujetos pasivos que necesitan ser sostenidos no fomenta la ciudadanía.

Fomenta la dependencia.

Una sociedad sólida no se construye desde la dependencia, sino desde la participación activa, la autonomía y la responsabilidad.

Reconocer a las personas inmigrantes como agentes activos es clave para avanzar hacia un modelo más coherente.

Regularización en España: reconocimiento de una realidad existente

En el contexto actual, el debate sobre nuevos procesos de regularización pone de manifiesto una cuestión fundamental.

La regularización no crea contribución.

La reconoce.

Reconoce que existen miles de personas que ya están integradas en el sistema económico y social, aunque jurídicamente se encuentren en una situación irregular.

Este desfase entre realidad social y marco jurídico evidencia la necesidad de repensar las políticas públicas desde una perspectiva más ajustada a la realidad.

Una nueva forma de entender la ciudadanía

El contexto actual exige avanzar hacia una concepción más amplia de la ciudadanía.

Una ciudadanía que no se limite al estatus legal, sino que incorpore la participación, la contribución y la pertenencia real.

Las personas inmigrantes no son agentes externos al sistema.

Son parte activa del presente y del futuro de la sociedad española.

Y reconocer esta realidad no es solo una cuestión política o jurídica.

Es una cuestión de coherencia.

Francys Villegas

Abogada especialista en extranjería y movilidad internacional en España
Politóloga

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